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�����Ķ�Un Buen Negocio

���ߣ�����    ������Դ����վԭ��    ����ʱ�䣺2019/1/18

�����Ķ�Un Buen Negocio
Hab��a una vez un campesino que hab��a llevado su vaca a la feria, y la vendi�� por siete ducados. Por el camino a casa ten��a que pasar por un estanque, y ya desde lejos o��a el grito de las ranas que le parec��an decir, "och, och, och."

-"Bien,"- se dijo ��l, "ellas hablan sin rima y sin raz��n, son siete los que he recibido, no ocho."-

Cu��ndo ��l lleg�� a la charca, les grit��,

-"¡Est��pidos animales que son ustedes! ¿No saben contar mejor? Estos son siete ducados y no ocho, ocho, ocho."-

 Las ranas, sin embargo, siguieron con su , "och, och, och."

-"Vengan entonces si no lo creen, puedo cont��rselos."-

Y ��l sac�� el dinero de su bolsillo y cont�� siete ducados. Las ranas, sin embargo, no prestaron ninguna atenci��n a su c��lculo, pero segu��an gritando, "och, och, och."

-"¿Qu��?,"- grit�� el campesino, completamente enojado, -"ya que ustedes est��n determinadas a saber mejor que yo, cu��ntelos ustedes mismas,"- y les lanz�� todo el dinero en el agua.

Él se estuvo quieto y quiso esperar hasta que la cuenta estuviera hecha y le hubieran regresado su pertenencia otra vez, pero las ranas mantuvieron su opini��n gritando continuamente,  "och, och, och" y adem��s que no le devolv��an  el dinero. Él todav��a esper�� mucho m��s tiempo hasta que el anochecer lleg�� y  fue obligado a irse a casa. Entonces ��l insult�� a las ranas grit��ndoles,

-"¡Ustedes salpicaderas de agua, ustedes bobaliconas, ustedes de ojos desorbitados, ustedes de grandes bocas y que pueden chillar hasta hacerle daño a los o��dos de alguien, pero mont��n de in��tiles que no son capaces de contar siete ducados!

-"¿Piensan ustedes que voy a estar de pie aqu�� hasta que les de la gana?"-

Y terminado su discurso, ��l se march��, pero las ranas todav��a gritaban, "och, och, och", detr��s de ��l cuando iba a casa completamente enojado.

Pronto ��l compr�� otra vaca, la que destaz��, e hizo el c��lculo de que si vendiera la carne, bien podr��a recobrar tanto dinero como valdr��an las dos vacas sumadas, y tendr��a la piel adem��s.

Cuando ��l lleg�� a la ciudad con la carne, una gran tropa de perros estaba junto a la entrada, con un galgo grande a la cabeza de ellos, que salt�� hacia la carne, se par�� sobre ella y ladr��, "guau, guau, guau."

Como no paraba de ladrar, el campesino le dijo,

-"S��, s��, s�� completamente bien que est��s diciendo, "guau, guau, guau," porque quieres un poco de la carne; pero no estar��a bien para m�� si te la diera."-

 El perro, sin embargo, contestaba solamente "guau, guau, guau."

-"¿Prometes entonces no devorar todo, y calmar a tus compañeros?"

-"Guau, guau, guau."- volvi�� a decir el perro.

-"Bien, si insistes en ello, te la dar��; te conozco bien, y s�� qui��n es tu dueño; pero te digo que debo tener mi dinero en tres d��as o te va a ir muy mal; sin falta  debes de tra��rmelo."

Con eso ��l descarg�� la carne y se regres��. Los perros cayeron sobre ella y en voz alta ladraron, "guau, guau, guau." El campesino, que los oy�� desde lejos, se dijo,

-"Escuche, ahora todos ellos quieren una parte, pero el grande es el responsable de mi paga."-

Cuando hab��an pasado tres d��as, el campesino pens��:

-"Esta noche mi dinero estar�� en mi bolsillo,"- y estuvo completamente encantado.

Pero nadie vendr��a a pagarle.

-"Ya no se puede confiar en nadie ahora,"- dijo ��l; y por fin perdi�� la paciencia, y fue a la ciudad donde el carnicero y le exigi�� su dinero.

El carnicero pens�� que eso era una broma, pero el campesino dijo,

 -"¡Bromeando aparte, deme mi dinero! ¿No le trajo el gran perro toda la vaca destazada hace tres d��as?"-

Entonces el carnicero se puso enojado, tom�� un palo de escoba y lo sac�� de la carnicer��a.

-"¡Espere un momento!,"- dijo el campesino, "¡todav��a hay alguna justicia en el mundo!"- y fue al palacio real y pidi�� por una audiencia.

Él fue conducido ante el Rey, que estaba sentado junto con su hija, y le pregunt�� que problema ten��a.

-"¡Ay!"- dijo ��l, -"las ranas y los perros han tomado de m�� lo que es m��o, y el carnicero me ha pagado por ello con un palo," y relat�� con detenimiento todo lo que hab��a pasado. Con toda aquella historia la hija del Rey comenz�� a re��rse efusivamente, y el Rey le dijo,

-"No puedo darle la justicia que espera en este caso, pero usted tendr�� a mi hija como esposa por ello, ya que en su vida entera nunca se ha re��do como lo ha hecho con usted, y se la he prometido a quien pudiera hacerla re��r. ¡Debe  darle gracias a Dios por tan buena fortuna!"-

 

-"Oh,"- contest�� el campesino, -"no la tendr��, pues tengo ya una esposa, y con tan s��lo ella es demasiado para m��; cuando estoy en casa, siento como si tuviera  a una esposa parada en cada esquina."-

Entonces el Rey se molest��, y dijo,

-"Es usted un pat��n."-

-"Oh, Señor Rey,"- contest�� el campesino, -"¿qu�� puede usted esperar de un buey, sino carne de buey?"-

-"¡Un momento!"-, contest�� el Rey, -"Podr��a darle otra recompensa. M��rchese ahora, pero regrese en tres d��as y le daremos un total de quinientos."

Cuando el campesino sali�� por la puerta, el centinela le dijo,

-"T�� haz logrado que la hija del Rey se riera, entonces seguramente que recibir��s algo bueno."-

-"S��, es lo que pienso,"- contest�� el campesino; -"quinientos ser��n contados para m��."-

-"Esc��chame,"- dijo el soldado, -"dame un poquito de todo eso. ¿Qu�� podr��as hacer con toda esa cantidad?"-

-"Parte ser�� tuya,"- dijo el campesino, -"tendr��s doscientos; pres��ntate dentro de tres d��as ante el Rey, y dile que de los quinientos m��os te d�� doscientos a ti."

Un comerciante inescrupoloso, que estaba por ah�� cerca y hab��a o��do la conversaci��n, persigui�� al campesino, lo sostuvo por el abrigo, y le dijo,

-"¡Ah, maravilla! ¡qu�� persona con suerte eres! Yo te cambiar�� el pago. Lo  cambiar�� para ti en pequeñas monedas, ¿qu�� podr��as hacer con un pago tan grande?"-

-"Comerciante,"- dijo el campesino, -"trescientos ya los tiene sin duda; d��melos  inmediatamente en moneda pequeña, y en tres d��as a partir de hoy, p��dale al Rey que le d�� los trescientos que me correspond��an."-

El comerciante estuvo encantado por el negocio, y le dio monedas buenas y falsas, de cada tres s��lo dos buenas.

Cuando hab��an pasado los tres d��as, seg��n la orden del Rey, el campesino fue ante el Rey.

-"Ret��renle su abrigo,"- dijo el Rey, -"y tendr�� sus quinientos."-

-"¡Ah!"- dijo el campesino, -"los quinientos ya no me pertenecen; le obsequi�� doscientos de ellos al centinela, y trescientos se los cambi�� al comerciante, y entonces, por honradez y en derecho, ninguno de los quinientos en absoluto me pertenece."-

Mientras tanto el soldado y el comerciante entraron y reclamaron lo que ellos hab��an obtenido del campesino, as�� que ellos recibieron los quinientos golpes estrictamente contados.

El soldado soport�� el asunto con paciencia, pues ya sab��a c��mo era aquello, pero el comerciante dec��a dolorosamente,

-"¡Ay, ay!, ¿son ��stas las monedas grandes?"-

El Rey no pod��a menos de dejar de re��rse frente al campesino, y cuando toda su c��lera se disip��, le dijo al campesino,

-"Como perdiste la recompensa antes de que llegara a ser realmente tuya, te dar�� algo en su lugar. Entra a mi c��mara del tesoro y toma un poco de dinero para ti, tanto como puedas guardar en tus bolsas."-

El campesino no tuvo que ser dicho dos veces, y llen�� sus bolsillos grandes en todo lo que pudo caberles.

Despu��s el campesino se fue a una posada y cont�� su dinero. El comerciante lo sigui�� sigilosamente y oy�� lo que murmuraba para s�� mismo,

-"Aquel p��caro del Rey me ha engañado despu��s de todo, ¿por qu�� no pod��a  haberme dado el dinero exacto ��l mismo, y as�� habr��a sabido yo la cantidad verdadera? ¿C��mo puedo decir ahora si he tenido la suerte de tener en mis bolsillos la cantidad correcta o no?"-

-"¡Cielos!"- se dijo el comerciante, -"que cosas irrespetuosas de nuestro Señor  Rey dice este hombre, ir�� a la corte y le informar��, y as�� conseguir�� una recompensa y ��l ser�� castigado tambi��n."-

Cuando el Rey oy�� lo que el comerciante dijo de las palabras del campesino,  se enfureci��, y mand�� al comerciante a que fuera a traer al ofensor. El comerciante corri�� donde el campesino,

-"Usted debe ir inmediatamente a donde el Rey con la misma ropa que usted tiene puesta ahora."-

-"S�� que lo correcto es algo mejor que esto,"- contest�� el campesino, -"primero me har�� un nuevo abrigo. ¿Cree usted que un hombre con tanto dinero en su bolsillo debe ir all�� en su viejo abrigo remendado?"-

El comerciante, cuando vio que el campesino no se mover��a sin otro abrigo, y temiendo que la c��lera del Rey se enfriara, y ��l mismo perdiera su recompensa, y el campesino su castigo, dijo,

-"Porque soy un buen amigo te voy a prestar un nuevo abrigo por un corto tiempo. ¡Qu�� no hace la gente por amor!"-

El campesino qued�� satisfecho y se puso el abrigo del comerciante, y se march�� con ��l. El Rey reproch�� al campesino por lo que el comerciante le dijo que hab��a murmurado de ��l.

-"¡Ah"-, dijo el campesino, -"lo que un comerciante dice es siempre falso,  ninguna palabra verdadera sale alguna vez de su boca! Aquel brib��n que est�� all�� hasta es capaz de decir que traigo puesto un abrigo de ��l."-

-"¿C��mo es eso?"- reclam�� el comerciante. -"¿Acaso no es el m��o? ¿No te lo he prestado a ti por pura amistad, a fin de que pudieras aparecer ante el Señor Rey?"-

Cuando el Rey oy�� eso, dijo,

-"El comerciante ha engañado sin duda a uno o a otro de nosotros, a m�� o al campesino,"- y de nuevo orden�� que le fueran dados otros cuantos m��s.

El campesino, sin embargo, se fue a casa con abrigo bueno y con dinero bueno en su bolsillo, y se dijo,

-"Esta vez lo logr��!"

Enseñanza:

Hay especiales ocasiones en que la ingenuidad produce algunos beneficios inesperados.

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