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���ߣ�����    ������Դ����վԭ��    ����ʱ�䣺2019/1/18

�����Ķ�Juan Fiel   
Hab��a una vez un viejo rey que estaba enfermo, y pens�� paara s��,

-"Estoy yaciendo en lo que debe de ser mi lecho de muerte."-

Entonces orden��,

-"Que venga aqu�� Juan Fiel."-

Juan Fiel era su criado favorito, y era llamado as��, porque durante toda su vida hab��a estado fielmente dedicado al servicio del Rey. Cuando ��l estuvo al lado de la cama, el Rey le dijo,

-"Mi muy fiel Juan, siento mi final acerc��ndose, y no tengo ninguna ansiedad excepto por mi hijo. Él est�� todav��a en la edad joven, y no siempre puede saber dirigirse. Si t�� me prometes enseñarle todo que ��l deber��a saber, y ser su padre adoptivo, yo puedo cerrar mis ojos en paz."

Juan Fiel entonces contest��,

-"No lo abandonar��, y le servir�� con fidelidad, aun si eso me costara la vida."-

Entonces, el viejo Rey dijo,

-"Ahora muero en comodidad y en paz."- Y añadi��, -"Despu��s de mi muerte, mu��strale el castillo entero: todas las c��maras, los pasillos, y las b��vedas, y todos los tesoros que est��n all��, pero la ��ltima c��mara en la galer��a larga, en la cual est�� el cuadro de la princesa de la Vivienda de Oro, no se lo muestres. Si ��l ve el cuadro, ��l quedar�� violentamente enamorado de ella, y caer�� en un desmayo, y pasar�� por grandes peligros por ella, por lo tanto debes apartarlo de eso."-

Y cuando Juan Fiel hab��a dado una vez m��s su promesa al viejo Rey, el Rey no habl�� m��s, puso su cabeza en su almohada, y muri��.

Cuando el viejo Rey hab��a sido llevado a su tumba, Juan Fiel cont�� al joven Rey todo lo que ��l hab��a prometido a su padre en su lecho de muerte, y dijo,

-"Todo eso sin duda lo har��, y ser�� fiel a ti como he sido fiel a ��l, aun si eso debiera costarme mi vida."-

Cuando el luto hubo terminado, Juan Fiel le dijo,

-"Ahora es el momento en que debes ver tu herencia. Te mostrar�� el palacio."-

Entonces lo llev�� a todas partes, de arriba abajo, dej��ndole ver toda la riqueza, y los apartamentos magn��ficos.  S��lo hubo un cuarto que no abri��, en el que colgaba el cuadro peligroso.

El cuadro, sin embargo, estaba colocado de manera que cuando la puerta fuera  abierta se viera directamente hacia ��l, y fue tan admirablemente pintado que parec��a  respirar y vivir, y no hab��a nada m��s encantador o m��s hermoso en el mundo entero. El joven Rey, sin embargo, claramente coment�� que Juan Fiel siempre pasaba por alto esa puerta, y dijo,

-"¿Por qu�� nunca me abres esta puerta?"-

-"Hay algo detr��s de ella,"- contest�� ��l, -"que te aterrorizar��a."-

Pero el Rey contest��,

-"He visto todo el palacio, y sabr�� lo que est�� en este cuarto tambi��n,"-

y ��l fue y trat�� de abrir forzando la puerta por la fuerza.

Juan Entonces Fiel lo contuvo y dijo,

-"Promet�� a tu padre antes de su muerte que t�� no debes ver lo que est�� en esta c��mara, eso podr��a traer la mayor desgracia para ti y para m��."-

-"Ah, no,"- contest�� el joven Rey, -"si no entro, eso s�� ser�� ciertamente mi destrucci��n. Yo no tendr�� ning��n descanso de d��a o de noche hasta que no lo haya visto con mis propios ojos. No dejar�� el lugar ahora hasta tanto no abras la puerta."-

Juan Fiel vio que no hab��a ninguna salida para aquella decisi��n ahora, y con un coraz��n triste y muchos suspiros, busc�� la llave dentro del gran manojo. Cu��ndo ��l hubo abierto la puerta, entr��  de primero, y pens�� que estando de pie antes de ��l, podr��a esconder el retrato de modo que el Rey no pudiera verlo, pero ¿servir��a eso?

El Rey entr�� de pie en puntillas para hacerse m��s alto y ver sobre su hombro. Y al ver el retrato de la doncella, que era tan magn��fica y brillaba con oro y gemas, cay�� desmayado a tierra. Juan Fiel lo tom��, lo llev�� a su cama, y dolorosamente pens��,

-"La desgracia ya ha llegado a nosotros,  ¿Señor Dios, cu��l ser�� el final de todo esto?"-

Entonces ��l lo confort�� con vino, hasta que volviera en s�� otra vez. Las primeras palabras que el Rey dijo eran,

-"Ah, el hermoso retrato! ¿de qui��n es?"-

-"Es la princesa de la Vivienda de Oro,"- contest�� Juan Fiel.

Entonces el Rey sigui��,

-"Mi amor por ella es tan grande, que si todas las hojas en todos los ��rboles hablaran, ellas no podr��an declararlo. Dar�� mi vida para ganarla. T�� eres mi gran Juan Fiel, debes de ayudarme."-

El fiel criado medit�� dentro de s�� mismo durante mucho tiempo sobre como empezar con el asunto, pues era dif��cil de obtener hasta una vista de la princesa. Al fin ��l pens�� en un medio, y dijo al Rey,

-"Todo lo que ella tiene sobre s�� y su alrededor es de oro, mesas, sillas, platos, gafas, bolos, y mobiliario de casa. Esc��chame ahora, joven Rey, entre tus tesoros hay cinco toneladas de oro; asigna a los orfebres del Reino que lo trabajen confeccionando toda forma de buques y utensilios, todas las clases de aves, bestias salvajes y animales extraños, tales que puedan complacerla, e iremos all�� con ellos e intentaremos nuestra suerte."

El Rey orden�� que todos los orfebres le fueran tra��dos, y ellos tuvieron que trabajar noche y d��a hasta que por fin las cosas m��s espl��ndidas estuvieron listas. Cuando todo fue guardado a bordo un barco, Juan Fiel se puso el vestido de un comerciante, y el Rey fue obligado a hacer lo mismo a fin de hacerse completamente irreconocible. Entonces salieron en barco a trav��s del mar, y viajaron hasta que llegaron a la ciudad en donde moraba la princesa de la Vivienda de Oro. Juan Fiel pidi�� al Rey que se quedara en el barco, y lo esperara.

-"Quiz��s pueda traer a la princesa conmigo,"- dijo ��l, "por lo tanto ve que todo est�� presentable; ten a la vista los buques de oro y todo el barco entero decorado."-

Entonces Juan Fiel recogi�� en su delantal toda clase de cosas de oro, y fue a tierra  directamente al palacio real. Cuando ��l entr�� en el patio del palacio, una muchacha hermosa estaba de pie all�� por el pozo con dos cubos de oro en su mano, sacando el agua con ellos. Y cuando ella se preparaba para llevarse el  agua efervescente, vio al forastero, y le pregunt�� qui��n era ��l. Entonces contest��,

-"Soy un comerciante,"- y abri�� su delantal, y dej�� que mirara. Ella grit��,

-"¡Ah, qu�� cosas hermosas de oro!" y dej�� sus baldes para mirar los art��culos de oro uno tras otro. Entonces dijo la muchacha,

-"La princesa debe de ver todo esto, ella tiene tal gran placer en cosas de oro, que comprar�� todo lo que usted trae."

Ella lo tom�� de la mano y lo condujo arriba, ya que era la criada de compañ��a. Cuando la hija del Rey vio los art��culos, qued�� completamente encantada y dijo,

-"Est��n tan maravillosamente trabajados, que le comprar�� todo."-

Pero Juan Fiel dijo,

-"S��lo soy el criado de un comerciante rico. Las cosas que tengo aqu�� no se comparan con aquellos que mi patr��n tiene en su barco. Ellas son las cosas m��s hermosas y valiosas que han sido hechas alguna vez con el oro."-

Ella quiso hacerle traer todo all��, pero ��l dijo,

-"Hay tantos de ellos que tomar��a much��simos d��as bajarlos, y se requerir��a que tantos cuartos los expusieran, que su palacio no bastar��a."-

Entonces su curiosidad y de搜刮引擎优化 estuvieron todav��a m��s excitados, hasta que por fin ella dijo,

-"Cond��zcame al barco, ir�� all�� yo misma, y contemplar�� los tesoros de su patr��n."

Con eso Juan Fiel qued�� completamente encantado, y la condujo al barco, y cuando el Rey la vio, se dio cuenta de que su belleza era a��n mayor que la representada en la pintura, y pensaba solamente que su coraz��n se reventaba en dos. Entonces ella subi�� al barco, y el Rey la condujo adentro. Juan Fiel, sin embargo, permaneci�� con el piloto, y orden�� que el barco fuera echado a la mar, diciendo,

-"Pongan toda la vela, para que esto vuele como una ave en el aire."-

Adentro, sin embargo, el Rey le mostraba los buques de oro, de uno en uno, tambi��n las bestias salvajes y los animales extraños. Muchas horas pasaron mientras ella ve��a todo, y en su complacencia no observ�� que el barco iba cada vez m��s lejos.

Despu��s de que hab��a mirado el ��ltimo, agradeci�� al comerciante y dese�� irse a casa, pero cuando sali�� al lado del barco, vio que estaba en alta mar, lejos de la tierra, y avanzando r��pidamente con todo la  vela extendida.

 

-"¡Ay"-, grit�� alarmada, -"¡he sido engañada! ¡Estoy raptada y he ca��do en el poder de un comerciante, prefiero la muerte!"-

El Rey, sin embargo, agarr�� su mano, y le dijo, -

-"Tranquila, no soy un comerciante. Soy un rey, y de ning��n origen menor que el tuyo, y si te he tra��do lejos con sutileza, ha sido debido a mi gran amor que se excede por ti. La primera vez que observ�� tu retrato, me ca�� desmayado a la tierra."-

Cuando la princesa de la Vivienda de Oro oy�� aquello, qued�� consolada, y su coraz��n se inclin�� hacia ��l, de modo que ella con mucho gusto consinti�� en ser su esposa.

Sucedi�� sin embargo, que mientras ellos iban en el barco hacia adelante sobre el mar profundo, Juan Fiel, que se sentaba en la parte delantera del buque tocando m��sica, vio a tres cuervos en el aire, que vinieron volando hacia ellos. Entonces ��l dej�� de tocar y escuch�� lo que ellos se dec��an el uno al otro, y que Juan entend��a muy bien. Uno gritaba, -

-"Oh, ah�� ��l lleva a casa a la princesa de la Vivienda de Oro."-

 -"S��,"- contest�� el segundo, -"pero no la ha conseguido a��n."-

Y dijo el tercero,

-"S�� la ha conseguido, ella se sienta a su lado en el barco."-

Entonces el primero comenz�� otra vez, y grit��,

-"¿Y que es lo que le espera a ��l? Cuando lleguen a tierra un caballo castaño saltar�� avanzando para encontrarlo, y el pr��ncipe querr�� montarlo, pero si ��l hace eso, el caballo se escapar�� y se elevar�� en el aire con ��l, y ��l nunca m��s ver�� a su doncella."-

Pregunt�� el segundo,

-"¿Y no habr�� alguna alternativa?"

Respondi�� el primero,

-"Ah, s��, si alguien m��s sube al caballo r��pidamente de primero, y saca la pistola que debe estar en su pistolera, y mata al caballo a tiros, el joven Rey ser�� salvado. ¿Pero qui��n sabr�� esto? Y quienquiera lo sepa realmente, y se lo dice, ser�� transformado en piedra del dedo del pie a la rodilla."-

Entonces dijo el segundo,

-"S�� m��s que eso; a��n si el caballo es matado, el joven Rey todav��a no tendr�� a su novia. Cuando ellos entren al castillo juntos, una ropa nupcial finamente trabajada estar�� all�� en un plato para ��l, y con apariencia como si fuera tejido de oro y plata; sin embargo es solamente azufre y brea, y si ��l se lo pusiera, le quemar��a hasta el mismo hueso y tu��tano."-

Dijo el tercero,

-"¿Y eso tendr�� alternativa?"-

-"Ah, s��,"- contest�� el segundo, -"si alguien con guantes agarra la ropa y la lanza en el fuego y la quema, el joven Rey ser�� salvado."-

-"¿Pero qu�� m��s traer��a esto?"- pregunt�� el tercero.

El segundo respondi��,

-"Quienquiera lo sepa y se lo dice, la mitad de su cuerpo se har�� la piedra de la rodilla al coraz��n. "-

Entonces dijo el tercero,

-"S�� todav��a m��s; aun si la ropa nupcial se quemara, el joven Rey todav��a no tendr��a a su novia. Despu��s de la boda, cuando el baile comience y la reina joven baila, de repente ella girar�� p��lida y caer�� como muerta, y si alguien no la levanta y chupa tres gotas de sangre de su pecho derecho y las escupe otra vez, ella morir��. Pero si alguen que lo supiera lo declara, ��l se har��a de piedra de la corona de su cabeza a la planta de su pie."-

Cuando los cuervos hab��an hablado de todo esto juntos, volaron, y Juan Fiel hab��a entendido bien todo, pero a partir de aquel momento en adelante ��l se puso tranquilo y triste, ya que si ��l ocultara lo que ��l ahora sab��a, ser��a desafortunado para el Rey, y si ��l se lo hiciera saber, ��l mismo debe sacrificar su vida. Al fin, ��l se dijo,

-"Salvar�� a mi Rey, aun si eso fuera para mi propia destrucci��n."

Cuando por fin llegaron a la costa, todo sucedi�� como lo hab��an pronosticado los cuervos, y un caballo castaño magn��fico lleg�� saltando.

-"¡Qu�� bien!"-, dijo el Rey, -"��l me llevar�� a mi palacio,"-

Y estuvo a punto de montarlo cuando Juan Fiel se puso ante ��l, lo mont�� r��pidamente, sac�� de la pistolera la pistola, y peg�� un tiro al caballo. Entonces los otros asistentes del Rey, que despu��s de todo no eran muy apegados a Juan Fiel, gritaron,

-"¡Qu�� vergonzoso matar a ese animal hermoso, que deb��a haber llevado al Rey a su palacio.!"-

Pero el Rey dijo,

-"¡Mant��ngase en paz y d��jenlo, ��l es mi gran Juan Fiel, que sabe cu��l es el bien de eso!"-

Ellos entraron en el palacio, y en el pasillo hab��a un plato, en el que hab��a ropa nupcial que parec��a no otra cosa como si fuera hecha de oro y plata. El joven Rey fue hacia ella y estuvo a punto de cogerla, pero Juan Fiel lo apart��, agarr�� con guantes la ropa, la llev�� r��pidamente al fuego y la quem��. Los otros asistentes otra vez comenzaron a murmurar, y dijeron,

-"Contemple, ahora ��l quema hasta la ropa nupcial del Rey!"-

Pero el joven Rey dijo,

-"Qui��n podr�� saber lo bueno que ��l puede haber hecho, d��jenlo en paz, ��l es mi gran Juan Fiel."-

Y ahora la boda fue solemnizada: el baile comenz��, y la novia tambi��n particip��; Juan Fiel estaba vigilante y examinaba su cara, y de repente ella gir�� p��lida y cay�� a tierra, como si estuviera muerta. Entonces Juan corri�� de prisa, la levant�� y la llev�� a una rec��mara, y la pos��, y se arrodill�� y sorbi�� tres gotas de sangre de su pecho derecho, y los escupi��. Inmediatamente ella respir�� otra vez y se recuper��, pero el joven Rey hab��a visto esto, y al ser ignorante del por qu�� Juan Fiel lo hab��a hecho, estaba enojado y grit��,

-"¡L��nzelo en un calabozo!"-

A la mañana siguiente Juan Fiel fue condenado, y conducido a la horca, y cuando ��l estuvo de pie en alto, y estuvo a punto de ser ejecutado, dijo,

-"A cada qui��n que tiene que morir le es permitido antes de su final hacer un ��ltimo discurso; ¿puedo yo tambi��n reclamar ese derecho?-

-"S��,"- contest�� el Rey, -"te es concedido."-

Juan Fiel entonces dijo,

-"Yo soy injustamente condenado, y siempre he sido fiel y sincero contigo,"-

Y relat�� c��mo ��l hab��a o��do la conversaci��n de los cuervos cuando estaban en el mar, y como hab��a sido obligado a hacer todas estas cosas a fin de salvar a su Rey. Entonces grit�� el Rey,

-"Oh, mi gran Juan Fiel, el m��s fiel. Perdonado, perdonado, b��jenlo."-

Pero cuando Juan Fiel dijo la ��ltima palabra hab��a quedado sin vida hecho todo una piedra. Con eso el Rey y la Reina sufrieron de gran angustia, y el Rey dijo,

-"¡Oh, qu�� mal he correspondido a su gran fidelidad!"- y pidi�� que la figura de piedra fuera llevada y colocada en su dormitorio al lado de su cama.

Y tan a menudo como ��l lo miraba, lloraba y dec��a,

-"Oh, si yo pudiera traerte a la vida otra vez, mi gran Juan Fiel."-

Pas�� el tiempo y la Reina dio a luz a gemelos, que crecieron vigorosos y sanos y eran su gran placer. Una vez cuando la Reina estaba en la iglesia y los dos niños sentados jugando al lado de su padre, ��ste, lleno de pena otra vez mir�� la figura de piedra, suspir�� y dijo,

-"Ah, si yo pudiera traerte a la vida otra vez, mi gran Juan Fiel."-

Entonces la piedra comenz�� a hablar y dijo,

"T�� puedes llevarme a la vida otra vez si sacrificas para ese objetivo algo de lo m��s querido para ti."-

Entonces respondi�� el Rey,

-"Dar�� todo que tengo en el mundo por ti."-

La piedra sigui�� diciendo,

-"Si decretas que cuando faltes, tus hijos no heredar��n el reino, sino que lo dar��s al m��s humilde de tus ciudadanos, al firmarlo y sellarlo, ser�� restaurado a la vida."

El Rey se acongoj�� cuando oy�� que ��l mismo deb��a desheredar a sus niños m��s queridos, pero tambi��n pens�� en la gran fidelidad de Juan Fiel, y c��mo se hab��a hecho piedra por ��l, sac�� el sello real y la pluma, y de su propia mano redact�� y firm�� el decreto. Enseguida Juan Fiel estuvo vivo de pie una vez m��s ante ��l, seguro y sano como antes. Y le dijo al Rey,

-"Tu valor ser�� recompensado,"-

y tom�� el sello real y la pluma, y los lanz�� a las llamas del hogar, y el papel donde estaba el decreto se hizo vapor y se desvaneci��.

Entonces el Rey se llen�� de alegr��a, y cuando vio venir a la Reina escondi�� a Juan Fiel y a los dos niños en un gran armario. Cu��ndo ella entr��, ��l le dijo,

-"¿Rezaste en la iglesia?"-

-"S��,"- contest�� ella, -"pero yo estaba pensando constantemente en Juan Fiel y la desgracia que le ha acontecido por nosotros."-

Entonces dijo ��l, -

-"Querida esposa, podemos darle su vida otra vez, pero esto nos costar�� la herencia para nuestros dos pequeños hijos, que debemos sacrificar." La Reina se sorprendi��, y su coraz��n estaba lleno de interrogantes,  pero dijo,

-"Se lo debemos, por su gran fidelidad."-

Entonces el Rey se alegr�� de que ella pensara como ��l hab��a pensado, y fue y abri�� el armario, y trajo al frente a Juan Fiel y los niños, y dijo,

-"Dios sea elogiado, a Él nos entregamos, y tenemos a nuestros pequeños hijos con su herencia otra vez tambi��n,"-

 Y le cont�� c��mo hab��a ocurrido todo. Entonces ellos moraron juntos en mucha felicidad hasta su final.

 Enseñanza:

Ser fiel para con quien se trabaja es honestidad y condici��n indispensable para el ��xito.

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�����Ķ���Los consejos de Shuangye

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